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lunes, 12 de noviembre de 2012

La Ducha Polar


Todos los años, en las vacaciones, me iba por lo menos un mes a Quito. Más de la mitad de mi familia vive ahí, y lo que era más importante, estaban las primas, que son como hermanas para mí.

Tenía ya 17 años, en una de mis vacaciones quiteñas, cuando un día decidimos ir al club al final de la tarde, a bañarnos en la piscina temperada, meternos en el hidromasaje y el baño turco.

Llegar fue todo un safari.
En Guayaquil, mi principal medio de transporte era el auto de mis padres y el ocasional taxi. A mi forma de ver, cualquier otra forma de movilización era jugar con el peligro, pero para mis primas no era así. Para llegar al club, mi prima Deni me hizo coger un bus para llegar al Trole y luego otro más, hasta la casa de la prima Alex. Viendo el anochecer acercarse peligrosamente, les rogué que cojamos taxi. Para variar, no me hicieron caso, y cogimos otro bus, luego otro Trole.  Creo que tomaban como insulto a sus habilidades “transportísticas” que les sugiriera otro modo de llegar. Finalmente, llegamos a la parada y empezamos a caminar por una calle oscura, y mientras nos adentrábamos más, veía menos gente. Aterrada, les indiqué por enésima vez que cojamos un taxi, pero me hicieron seguir hasta que se dieron cuenta de que estábamos perdidas. Ese fue el momento en que hice de tripas corazón para no hacer un primicidio, llamé a un taxi y nos subimos. Resultó que estábamos a solo dos calles del club.

Ya repuestas del susto, entramos a los vestidores, nos pusimos nuestros “ternos de baño” y procedimos al hidromasaje. Después de unos relajantes 15 minutos, fuimos al baño turco.

A mi realmente no me gusta el baño turco, porque me recuerda las tardes sofocantes de mi ciudad, pero ellas eran encantadas. Cuando el calor molestaba, tomábamos una ducha tipo teléfono que chorreaba agua helada. Ellas se la echaban encima, yo solo metía la cara, para respirar.

Salimos al fin, las tres acaloradas del sitio y Deni tuvo la grandiosa idea de hacernos “El Baño Polar”. Como su nombre lo indica, era una ducha de agua fría. Pero no cualquier ducha. El Baño Polar era una cabina unipersonal con una estrecha puerta de ingreso. Dentro de ella estaban no menos de 10 duchas que apuntaban a los cuatro puntos cardinales del cuerpo y solo una temperatura: “FRIO HELADO”. Yo ni loca me iba a meter en ese lugar, pero mis primas estaban determinadas a lograrlo.

-Entramos una por una, ya? Yo primero, después la Deni y luego tu. Nos damos una vuelta rápida cada una y salimos enseguida. 

Por el rabillo del ojo noté la mirada de chispa traviesa y cómplice de las dos, y supe sin lugar a dudas, que su plan era dejarme encerrada dentro.

Bien – pensé - les diré que lo haré y luego que ellas se mojen en esa agua helada me reiré de su ingenuidad.

-Ok, lo haré. Dale Alex, entra tu primero.

Alex se dio cuenta inmediatamente de que algo no iba bien con su plan, pero metió medio cuerpo por la puertita y giró la llave de agua.

Las Cataratas del Niágara eran un riachuelo de aguas termales comparadas con lo que salió de las duchas. Asustada, Alex dio un paso atrás y cerró la puerta. Las oleadas de agua gélida podían escucharse golpeando las paredes con furia.

-Y ahora qué hacemos? No podemos dejar el agua corriendo, tenemos que cerrar la llave!
-Bueno, pero quién la cierra?
-Yo no
-A mí no me miren
-Yo menos!
-Ya está. La que la abrió tiene que cerrarla!
-No! No me voy a meter ahí de nuevo!!
-Ok, ya voy yo, dijo Deni –conciliadora- pero que alguien me abra la puerta.

A Alex no le quedó más remedio que ser ese alguien, mientras yo daba dos pasos hacia atrás.
Deni se preparó para entrar en posición de choque, con el cuerpo doblado en dos, la cara a un lado, y el brazo estirado.

-Bien, a la una, a las dos y a laaaas TRESSS!

Alex abrió la puerta, y un trombo de agua helada salió disparado con violencia directamente a la oreja de Deni.

-AAAAAAAAAAAAAUUUUXIIIIILLLLLIIIIIIIIOOOOOOO, gritó a todo pulmón.
Un segundo antes, éramos las únicas en el sitio. Ahora estábamos rodeadas por veinte chicos que nos miraban alarmados.
-Qué pasa?
-Por qué gritan?
-Las están violando o qué?!??
Deni escapó corriendo de la escena.
Alex solo sonrió como disculpándose y cerró la llave.
Yo vi a 20 hombres desconocidos mirándome como si estuviera loca, y salí corriendo detrás de Deni, sin mirar atrás.

miércoles, 15 de agosto de 2012

EL BONSAI MISTERIOSO


Nos reunimos como casi siempre en casa de Carito, una tarde, cuatro amigas, sin nada más que hacer que escuchar música, conversar y pasar el rato. El lugar preferido era el balcón, lugar muy espacioso, con hamaca, mesas, sillas, y una excelente vista a la calle. También en ese lugar la abuelita mantenía sus plantas ornamentales. Conversábamos de todo y nada, una acostada en la hamaca, las demás sentadas alrededor. En un momento que Carito salió a traernos algún bocadillo, me fijé en un árbol bonsái con frutos rojos que estaba sobre la mesa. Rápidamente, la que estaba sentada en la silla me dice que la planta es de tomate, que el fruto es dulce y jugoso, cómete uno, yo ya probé y son riquísimos. Sin pararme a pensar, tomé uno. Era rojo y redondo, no olía a nada. - Cómete, es rico! . Ok, estaba sospechando que podría no ser buena idea probarlo, pero la curiosidad fue más fuerte que la precaución. Me dije:  “le daré solo una pequeñísima mordida para ver si es rico como dice”. Me acerqué el fruto a la boca y rasgué su superficie un milímetro con los dos dientes delanteros.
Por esa pequeña abertura, salió un chorro de ardiente jugo que se deslizó directamente hacia mis encías inferiores, quemando todo a su paso. Aaaaaaaah! Grité, mientras las otras dos se revolcaban de risa. Con la boca en llamas, los ojos llorosos, y furiosa,  le lancé el ají  a la de la hamaca, mientras corría a la cocina a buscar agua. Allí me recibió Carito asustada porque no comprendía mis gritos y las risas de las otras dos en el balcón. Un instante después ellas entraron también mientras una se tapaba la boca igual que yo, pidiendo agua con desesperación. Yo pensaba que se estaba burlando de mi percance y le dije que no le diera agua, que me ayude a mí que era la afectada. Pero lo que pasó fue que el ají que lancé le había caído en la boca a la de la hamaca, mientras se reía de mí con la boca abierta.
Y así, todo terminó con las cuatro muertas de risa, tomando agua helada en la cocina.

Post dedicado a @carosoto78, por su cumple :)